viernes 7 de marzo de 2008

Venera

Este es un relato de ciencia ficcion que yo mismo escribi, por lo que la calidad del texto no es la mejor. Adelanta un posible futuro de nuestro planeta inspirado en las descripciones que Carl Sagan hizo del planeta Venus.

Venera

Las lluvias del crepúsculo tocaban sus últimos redobles en las nacaradas baldosas del patio trasero. Yo, ensimismado en disquisiciones pretéritas que sabían a amargo, veía por la ventana del cuarto de estar, la estrella ignea del firmamento. Contemplándola pasaban las últimas lluvias del verano como hojas muertas en un campo cada vez mas seco. Pensando en ella, la aridez avanzaba con el correr de los segundos, en los sonidos del agua al caer, afuera, en los charcos que reflejaban el naranja del cielo. Días cada vez mas largos, cielos repletos de formaciones de nubes, se entrelazaban en el requiem de mi tierra, calcinada y carcomida por el paso de las últimas décadas. La esperanza, el único hálito de vida que nos quedaba a todos nosotros, era contemplar la brillante estrella crepuscular, imaginando un lugar mejor que nunca destruiríamos.

Pocas, sin embargo, eran aquellas noches en que las nubes y lluvias me dejaban contemplar la tierra prometida, cada vez más distante en los sueños de los hombres. Como en una larga caminata sobre cenizas volcánicas, nos desgastábamos paso a paso ampollándonos los pies de solo andar, hundiéndonos cada vez más sobre los residuos de un mundo que no soportaba más. Caíamos para ya no levantarnos, nuestras almas no soportaron el tormento de una cultura decadente y ahora los pocos que seguíamos moriríamos encaminados al abismo planetario. Días contados eran lo que nos quedaba, la soledad de una especie que acabara con todos sus hermanos, que contaminara todas sus aguas, que terminara con los recursos, que agotara su reserva espiritual, que desdeñara sus culturas. La soledad de una civilización que desarrollara la tecnología para suicidarse materialmente pero que finalmente moriría en la más triste y completa apatía, destruida por su propio desinterés a la vida. No solo nosotros nos derrumbábamos, en nuestra precipitación hacia el vacío absoluto llevábamos el karma de la desaparición del mundo conocido, del paraíso terrenal. Nuestros actos, nuestras disputas, nuestro odio cansaron a la madre tierra. Ahora no le quedaban las fuerzas ni para continuar sus ciclos cosmológicos infinitos. La muerte se cierne sobre ella, entrelazándola, estrujándola en una danza fúnebre de tierra carcomida y magullada.

Creímos que el día nunca llegaría y que los actos que perpetrábamos completaban un ciclo virtuoso de ascendencia hacia un progreso ilimitado. Nos equivocamos: el día llegó con las últimas lluvias del verano, lo vimos pasar, se llevó nuestra raza, sin recuerdos, sin memoria. Desaparecimos, nos extinguimos en el aquí y el ahora, ya no hay vuelta atrás, nada más por hacer. Recostado en las cuadrículas del patio ahora lo veo claramente, más nítido que nunca. Una visión me atormenta. El lugar prometido, la tierra inmanente, la han destruido, la han mutilado. La desgarran con la misma vorágine que nosotros. Siento, las siento hoy, las miles de mentes codiciando un camino atroz de muerte y odio, de extinción y flagelo que los conducirá a nuestro mismo destino, miles de años más tarde cuando ya no queden rastros de nuestro paso por la Tierra. Puedo sentir sus voces a través de los siglos cuando lleguen aquí y no comprendan qué sucedió. Si lo intentan serán sus propios verdugos, como nuestro pueblo lo fue.

La sonda norteamericana Venera aterrizó sobre la superficie del planeta Venus descubriendo un paisaje completamente desolado. Por supuesto no había la más remota señal de vida ni de que esta hubiera existido. Las imágenes perduraron unos momentos en las pantallas hasta que finalmente el artefacto sucumbió a las temperaturas extremas del planeta.

1 comentarios:

BATAHOLA REVISTA dijo...

Hay una frase de los sabios pueblos originarios de América que dice algo así como que hay gente que siente realmente la lluvia y otros que únicamente se mojan...
Creo que esto habla un poco de cómo el sistema nos educa para aislarnos de la naturaleza.
Es hora de romper el muro que nos aisla de las maravillas del multiverso!
Abrazo, y nos vemos pronto en el Foro Humanista Estudiantil...

Matías
Revista bATAHOLA